CERO

Acefal

  • CERO | Passatge studio

CERO, el resignado nihilista, sin perder su optimismo se retira a un rincón, donde le aguarda la esperanza que nunca perdió. Contrahecho, refunfuña: “… No siempre ha sido así, de este modo; hoy sí, hoy el éxito de UNO parece inapelable”.

Recuerda aquellos años, cuando aún era niño. Jugaba con los inconmensurables pitagóricos antes de que triunfaran los axiomas de Euclides. La voz, el canto o el poema, la figura y la imagen, Apolo y Dioniso, todavía no rendían pleitesía al concepto. Aquel pasado le pertenece. Vivía en el libre albedrio, a su antojo, era cosa entre las cosas, antes de que unos desalmados atenienses, fatuos y engreídos le impusieran a UNO, la episteme, el conocimiento lógico, como hermano dominador y tirano.

Ha oído por ahí que junto a su hermano forman una pareja de dígitos insustituibles. Claro que a él lo asocian con la nada, el caos, el silencio, la falta de fluido informacional, mientras que UNO representa el poder y el orden, lo consistente, el ser… . Incluso la chusma lenguaraz se atreve a proclamar insolencias sobre sus redondeces, orondas y mórbidas, dicen. Tan distintas del figurín altivo y esbelto de UNO.

Sin embargo, la conjunción adversativa nos previene. Algo resultará ser fundamental: todos estamos necesitados de los músculos de Nietzsche.

Quien, sino él, enunció la necesidad de trascender ese nihilismo pesimista y reactivo que nos aplasta. Hay que despojarse de este penoso lastre con el objetivo de superar los prejuicios y sentimientos negativos que merman nuestra libertad, como le ocurre a CERO desde hace demasiado.

Quien, sino Nietzsche-Zaratustra, nos infundió la fuerza necesaria para desafiar a ese rebaño humano victimista y compungido, servil ante los despóticos valores auspiciados por UNO.

Acefal

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